también se planea los proyectos de tecnología
Con un café en la mano también se planea los proyectos de tecnología
Mientras tomaba un café esta mañana, me puse a reflexionar sobre cómo ha cambiado el mundo de los proyectos, especialmente en tecnología. Antes, planear un proyecto era casi como dibujar un mapa exacto: fechas, tareas, entregables, todo perfectamente estructurado. Pero con el tiempo y la experiencia, entendí que esa visión simplemente no encaja en un entorno tan dinámico, incierto y cambiante como el tecnológico. Hoy sé que planear bien no significa tener todas las respuestas desde el inicio, sino construir una base sólida para adaptarse, evolucionar y avanzar con sentido.
He visto demasiados proyectos fallar no por falta de recursos ni de talento, sino por una planeación desconectada de la realidad. Rutas cerradas que no admiten cambios. Equipos que ejecutan sin entender el propósito. Líderes que confunden presión con dirección. Por eso, mi forma de ver la planeación cambió: ya no creo en los mapas perfectos, sino en las brújulas bien calibradas. En mi experiencia, una buena planeación en proyectos de tecnología se construye sobre cinco pilares. Primero, entender a fondo el problema antes de pensar en la solución. No sirve de nada tener una gran arquitectura técnica si no hemos validado el dolor real que queremos resolver. Segundo, involucrar al equipo desde el principio. Las mejores ideas y las alertas más valiosas no vienen de los reportes, sino de quienes están más cerca del código, del cliente o del proceso.
Tercero, diseñar para iterar, no para controlar. Los planes deben permitir cambios sin que todo se derrumbe. Cuarto, tener la capacidad de priorizar sin miedo. No se puede hacer todo al tiempo, y en tecnología, saber qué no hacer es tan importante como saber qué construir. Y quinto, escuchar más allá de los entregables. Planear bien implica tener en cuenta no solo los recursos y plazos, sino también la energía del equipo, su claridad y su confianza. Porque los proyectos no se construyen solo con herramientas: se construyen con personas.
Esa taza de café me recordó que, a veces, necesitamos pausar para mirar el proyecto desde otro lugar. Desde la experiencia. Desde la empatía. Desde lo humano. Porque cuando planeamos desde ahí, desde lo real, aumentan las probabilidades de que el proyecto no solo llegue a buen puerto, sino que valga la pena el viaje. Y en un mundo donde todo cambia cada semana, planear bien no es una garantía de éxito, pero sí es la mejor forma de empezar.
Este artículo fue producido por Hernan Osorio
Project manager Beta Core
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